Estoy cansado, lo admito. Cada dÃa pesa más que el anterior. Y aún asà sigo aquà caminando entre el polvo y el silencio. El cuerpo duele, la mente se agota y a veces la voluntad parece un hilo delgado, a punto de romperse.
Pero he comprendido que el cansancio no es señal de debilidad. Muchos se detienen cuando la carga se vuelve pesada. Buscan consuelo, buscan comprensión. Yo no busco nada de eso.
El mundo no ofrece sino obstáculos y aún asà los cruzo uno por uno porque sé que detrás de cada noche interminable hay un amanecer que solo los obstinados pueden ver.
A veces me miro al espejo y apenas reconozco al que era. No queda inocencia, ni fe, ni esperanza ciega, solo queda decisión. Esa clase de decisión que no necesita testigos ni aplausos.
Y aunque el cansancio me consuma, aunque el destino me arrastre al borde, seguiré adelante porque he jurado no vivir de rodillas ante nada ni nadie.
Que el mundo me cierre el paso, que el cansancio me reclame, que la vida me golpee mil veces. No importa. Mientras aún tenga un aliento, avanzaré, porque prefiero morir agotado que vivir rendido.